EQUIPO EXPERTO
Evaluando el año que se fue, y lo que se viene
El 2011 fue un año complicado para inversiones, que estuvo marcado por repetidos episodios de volatilidad que afectaron la confianza de los agentes. Fue un año que arrancó con la llamada "Primavera Arabe", procesos de protestas sociales que desencadenaron cambios de gobierno en varios países de Medio Oriente, con transiciones que en algunos casos no fueron pacíficas, y que elevaron la tensión en una región del mundo fundamental en el suministro de petróleo. El terremoto de Japón, además de constituir una tragedia por su severidad y el alto número de víctimas, tuvo implicancias adversas significativas sobre cadenas de producción en bienes de tecnología e industria automotriz a nivel global, si bien impactó de manera más directa en indicadores de actividad de EE.UU.. Esta economía, a su vez, en parte debido a los eventos antes mencionados, pasó por un período preocupante de desaceleración económica, el llamado "soft patch", del cual empezó a dar señales de salida recién durante el último trimestre del año.
En medio de esa turbulencia, se dio el hito histórico de pérdida de calificación crediticia AAA de EE.UU., con el downgrade que le hiciera Standard & Poor's. En el caso de China, durante gran parte del año hubo un debate sobre la magnitud de la desaceleración, entre aquellos que postulaban un "hard landing" y los que veían un "soft landing" de las fuertes tasas de crecimiento observadas el 2010. Hasta el momento, y como anticipamos, la desaceleración ha sido ordenada y moderada. Ese proceso de menor crecimiento también se ha observado, en mayor o menor medida, en el resto de economías emergentes.
Finalmente, la gran fuente de incertidumbre que se arrastra al 2012, provino de Europa. El 2011 estuvo marcado por múltiples episodios de estrés, que redundaron también en downgrades en calificaciones crediticias a varios países de la Unión Europea, la última ronda siendo el 13 de enero. El propio fondo de rescate creado para apoyar a los países en problemas, el EFSF, también recibió un downgrade, unos días después. Paralelamente, la crisis tuvo repercusiones políticas y forzó cambios de gobierno en algunos países como Grecia e Italia, donde se nombraron nuevos líderes políticos con la idea de proponer medidas de ajuste que permitan que retorne la confianza del mercado en estas economías. De esta manera, todos los gobiernos de los denominados PIIGS, han cambiado fruto de los problemas por los que atraviesan sus economías. Por el lado privado, la caída del banco Dexia fue una señal adelantada de un riesgo sistémico latente en Europa. Este panorama resultó en que los credit default swaps de los países de la Euro Zona alcanzaran nuevos máximos, no solo para los países de la periferia, si no que se elevaron inclusive para los países del núcleo como son Francia y Alemania. Otra consecuencia de la crisis fue la respuesta de las agencias de calificación sobre el sector privado, pues también se produjeron downgrades masivos de los bancos de la región.
En este escenario de crecientes riesgos se requería urgentemente de una respuesta de las autoridades. Esta se dio en octubre y en diciembre donde se consiguió incrementar la capacidad de los fondos de rescate (EFSF y ESM), implementar de nuevas reglas fiscales en toda la zona, exigir mayores niveles de capital a los bancos de la región y negociaciones para una reestructuración voluntaria de la deuda griega. Por su parte, el Banco Central de Europa adoptó un rol más activo y, además de recortar la tasa de referencia, inyectó niveles récord de préstamos a bancos, hasta por un plazo de tres años, a finales de diciembre para atender las crecientes necesidades de liquidez ante la salida de depósitos de la región.
Estas medidas en su conjunto fueron recibidas positivamente por el mercado, aunque es importante señalar que distan de ser una solución estructural a la problemática que aqueja a los países de esta región, pues no abarcan temas vitales como la promoción del crecimiento, la resolución de desbalances externos y las mejoras de la competitividad. Estos son temas de agenda que cada uno de los países en cuestión está trabajando, si bien es prematuro para señalar cuáles serán exitosos y cuáles no. Tampoco es claro que haya suficientes fondos de respaldo para apoyar a las economías PIIGS más grandes, en caso la confianza se deteriore nuevamente, en particular teniendo en cuenta que la región estaría muy probablemente entrando en una recesión. Sin embargo, las medidas adoptadas son paliativas que, por lo menos por el momento, están permitiendo reducir tensiones en los mercados. Ello ha resultado en una mejora de sentimiento durante las primeras semanas del año, con mercados al alza, aunque no puede descartarse que la volatilidad retorne, particularmente teniendo en cuenta la magnitud de vencimientos en Europa entre febrero y abril, así como las importantes decisiones que tienen que adoptarse en este periodo, referidos tanto a Grecia como a los acuerdos pendientes de la Unión Europea.
Por ello, consideramos prudente empezar el año con un posicionamiento cauto de portafolios, a la espera de información más concreta en dos grandes áreas: primero, acuerdos de política, particularmente en Europa, que reduzcan la probabilidad de una crisis gemela, soberana y financiera; y, segundo, data económica que sugiera que la situación se está estabilizando, no sólo en EE.UU. sino también en otras regiones del mundo. Lo concreto es, si se sortean los escollos que se anticipan para el primer trimestre del año, vemos perspectivas más favorable para el resto del año.
El 2011 fue un año complicado para inversiones, que estuvo marcado por repetidos episodios de volatilidad que afectaron la confianza de los agentes. Fue un año que arrancó con la llamada "Primavera Arabe", procesos de protestas sociales que desencadenaron cambios de gobierno en varios países de Medio Oriente, con transiciones que en algunos casos no fueron pacíficas, y que elevaron la tensión en una región del mundo fundamental en el suministro de petróleo. El terremoto de Japón, además de constituir una tragedia por su severidad y el alto número de víctimas, tuvo implicancias adversas significativas sobre cadenas de producción en bienes de tecnología e industria automotriz a nivel global, si bien impactó de manera más directa en indicadores de actividad de EE.UU.. Esta economía, a su vez, en parte debido a los eventos antes mencionados, pasó por un período preocupante de desaceleración económica, el llamado "soft patch", del cual empezó a dar señales de salida recién durante el último trimestre del año.
En medio de esa turbulencia, se dio el hito histórico de pérdida de calificación crediticia AAA de EE.UU., con el downgrade que le hiciera Standard & Poor's. En el caso de China, durante gran parte del año hubo un debate sobre la magnitud de la desaceleración, entre aquellos que postulaban un "hard landing" y los que veían un "soft landing" de las fuertes tasas de crecimiento observadas el 2010. Hasta el momento, y como anticipamos, la desaceleración ha sido ordenada y moderada. Ese proceso de menor crecimiento también se ha observado, en mayor o menor medida, en el resto de economías emergentes.
Finalmente, la gran fuente de incertidumbre que se arrastra al 2012, provino de Europa. El 2011 estuvo marcado por múltiples episodios de estrés, que redundaron también en downgrades en calificaciones crediticias a varios países de la Unión Europea, la última ronda siendo el 13 de enero. El propio fondo de rescate creado para apoyar a los países en problemas, el EFSF, también recibió un downgrade, unos días después. Paralelamente, la crisis tuvo repercusiones políticas y forzó cambios de gobierno en algunos países como Grecia e Italia, donde se nombraron nuevos líderes políticos con la idea de proponer medidas de ajuste que permitan que retorne la confianza del mercado en estas economías. De esta manera, todos los gobiernos de los denominados PIIGS, han cambiado fruto de los problemas por los que atraviesan sus economías. Por el lado privado, la caída del banco Dexia fue una señal adelantada de un riesgo sistémico latente en Europa. Este panorama resultó en que los credit default swaps de los países de la Euro Zona alcanzaran nuevos máximos, no solo para los países de la periferia, si no que se elevaron inclusive para los países del núcleo como son Francia y Alemania. Otra consecuencia de la crisis fue la respuesta de las agencias de calificación sobre el sector privado, pues también se produjeron downgrades masivos de los bancos de la región.
En este escenario de crecientes riesgos se requería urgentemente de una respuesta de las autoridades. Esta se dio en octubre y en diciembre donde se consiguió incrementar la capacidad de los fondos de rescate (EFSF y ESM), implementar de nuevas reglas fiscales en toda la zona, exigir mayores niveles de capital a los bancos de la región y negociaciones para una reestructuración voluntaria de la deuda griega. Por su parte, el Banco Central de Europa adoptó un rol más activo y, además de recortar la tasa de referencia, inyectó niveles récord de préstamos a bancos, hasta por un plazo de tres años, a finales de diciembre para atender las crecientes necesidades de liquidez ante la salida de depósitos de la región.
Estas medidas en su conjunto fueron recibidas positivamente por el mercado, aunque es importante señalar que distan de ser una solución estructural a la problemática que aqueja a los países de esta región, pues no abarcan temas vitales como la promoción del crecimiento, la resolución de desbalances externos y las mejoras de la competitividad. Estos son temas de agenda que cada uno de los países en cuestión está trabajando, si bien es prematuro para señalar cuáles serán exitosos y cuáles no. Tampoco es claro que haya suficientes fondos de respaldo para apoyar a las economías PIIGS más grandes, en caso la confianza se deteriore nuevamente, en particular teniendo en cuenta que la región estaría muy probablemente entrando en una recesión. Sin embargo, las medidas adoptadas son paliativas que, por lo menos por el momento, están permitiendo reducir tensiones en los mercados. Ello ha resultado en una mejora de sentimiento durante las primeras semanas del año, con mercados al alza, aunque no puede descartarse que la volatilidad retorne, particularmente teniendo en cuenta la magnitud de vencimientos en Europa entre febrero y abril, así como las importantes decisiones que tienen que adoptarse en este periodo, referidos tanto a Grecia como a los acuerdos pendientes de la Unión Europea.
Por ello, consideramos prudente empezar el año con un posicionamiento cauto de portafolios, a la espera de información más concreta en dos grandes áreas: primero, acuerdos de política, particularmente en Europa, que reduzcan la probabilidad de una crisis gemela, soberana y financiera; y, segundo, data económica que sugiera que la situación se está estabilizando, no sólo en EE.UU. sino también en otras regiones del mundo. Lo concreto es, si se sortean los escollos que se anticipan para el primer trimestre del año, vemos perspectivas más favorable para el resto del año.
NOTICIAS